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Verano.
Rayos de sol iluminan todo el día y el calor se siente hasta en los mas oscuros rincones. Cortas son las noches vigiladas siempre por la maravillosa luna y brisas frescas que nos acompañan en nuestras caminatas nocturnas.

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Oliver, The Darkness

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Oliver, The Darkness

Mensaje por Oliver Tancy el Mar Feb 26, 2013 9:12 pm




»Nombre; Oliver Bastiaan Tancy
»Edad; Aparenta 12 años, aunque por sus gestos a veces se muestra más adulto. Su edad real es de 126 años de edad.
»Orientación Sexual; Más que encasillarlo en un rótulo como, bisexual, él es un liberal. Ama y deja de amar, y en su amor al todo, no distingue sexos.
»Nacionalidad; Griego
»Generación; Duodécima Generación
»Secta; Independiente
»Clan; Assamitas
»Ocupación; Posee la riqueza de sus años, por lo cual trabajar no le es necesario. Pero acepta de tanto en tanto trabajos como sicario, solo que en el ámbito del bajo mundo, donde suele moverse y manejarse mejor.


»Descripción Psicológica:


Es difícil describir la psiquis de un ser que ha pasado por tantos años a lo largo de este basto mundo. Los ires y venires del mismo entorno del que se rodea lo han ido forjando como individuo, tanto en su primera etapa como hijo de una humilde familia de pescadores griegos, como en su nueva vida como vástago errante.
De carácter suave y gentíl en su primera etapa, le era indiferente el mundo más allá de las cuatro paredes de su hogar y el calor de su familia. No importaba lo más mínimo para él lo que le deparara la vida fuera de su pequeña realidad y así, tan conforme y tan lleno de esa inocente faceta que casi todos los niños alguna vez poseen en sus más dulces edades, permaneció hasta el punto de quiebre entre su pasado y su presente.
No es que haya perdido todo aquel brillo de humanidad que tanto adoraban sus padres al verlo, pero como ya he mencionado, los años al igual que el viento, el mar y otros factores naturales, fueron corrompiendo y desgastando a aquel niño que fue ya hace tanto.
Distante y cauteloso, cuidadoso con sus palabras, algo excéntrico y caótico, quizá hasta un poco trastocado. Oliver no deja duda alguna de su carácter fuerte y decidido. Se muestra firme para con todo su accionar frente a quien sea. Un poco maniático, quizá, pero como todo aquel que fue humano alguna vez.
Disfruta de las pequeñas cosas de la vida, y ha aprendido a hacerlo y mejorado en ello a medida que las décadas avanzaron sobre él. Es conservador pero no por eso alguien que se vaya a callar y se guarde lo que piensa. Para nada, todo lo contrario, si cree que debe decir algo, cueste lo que le cueste, lo dirá. Tiene un ego bastante alto y una autoconfianza que sorprende a más de uno, sobre todo a los ancianos que lo conocen.
Para ser en apariencia un niño y para colmo, un vampiro relativamente joven, se ha sabido manejar casi a la perfección en su nuevo ámbito y, aunque ha sufrido tropiezos y algunos bastante graves, ha sabido saltar dichos obstáculos como un antiguo y experimentado vampiro, aprendiendo siempre de todas sus vivencias y recolectando nuevos saberes de casa hecho en su vida.
Es alguien muy observador y prefiere mantener la distancia precisa para poder tomar por completo el lugar de espectador antes que el de actor. Gran virtud en muchos casos este detalle no menor, pues gracias a esta capacidad y su casi insuperable paciencia ha sabido zafarse de muchas situaciones incómodas.
A la hora de relacionarse con los humanos, por más que su perfil sea el de un iceberg y que su actitud usual sea comparable con la de un monje budista, resulta más fuerte que toda su fuerza de voluntad el impulso por querer deleitarse y dejarse llevar por aquellas bestias que ya tan lejos de su realidad han quedado. Pues sí, para él no son más que un mero rebaño de curiosos animales mostrándose y dejándose analizar por él. Le divierte examinarlos al detalle, escuchar sus pensamientos y saber de ellos pero, no a un nivel emocional o por empatía, sino por pura curiosidad y estudio cuasi científico de aquella raza.
Para su trabajo siempre ha sido un muchacho muy comprometido y serio. Responsable no es realmente su segundo nombre, lo ha de reconocer, pero si se ha hecho de una orden él la cumplirá como es debido y hasta no acabar con su misión no descansará. Además, el resultado final le es simplemente encantador, tanto por la paga como por el mismo disfrute que le genera estar rodeado de sus maravillosas "bestias".
El amor es algo más que etéreo para él. Su más mínima idea o concepción le resulta increíblemente fascinante y dejándose fascinar por aquel sentimiento no necesariamente exclusivo a los humanos ha pasado por un sinfín de etapas de amoríos esporádicos y algunos casi eternos. Es, lo que se dice, un enamorado de la vida. Donde encuentra belleza, donde ve más allá de lo superficial, donde puede volcarse y entregarse a un gose fortuito y placentero, él estará cómodo y sentirá un apego enorme por quien brinde dicho lugar. No puede asegurar amor eterno, no al menos como el amor entre humanos, pues sus emociones difieren en exceso con las de esta raza, pero su sentir puede ser tan fuerte, fogoso e intenso como el de cualquier ser que alguna vez haya tenido sangre corriendo por sus venas. Pero entiéndase algo, Oliver no se enamora como quien lo hace de su novio, su amante o su esposa, el se fascina, justamente, se ilusiona, y se deja llevar por ese mar tomentoso que llama amor.



»Descripción Física:


Sombrío, hermoso, frío... Así han de describirlo quienes al menos, por un momento, han tenido la oportunidad de observarlo.
Oliver, el actual Oliver es un ser encantador por donde se lo examine. Sus rasgos humanos han llegado a tomar tal perfección tras su nuevo nacimiento que es posible confundir al joven vástago con una muñeca de porcelana fina o una bella marioneta francesa del siglo XVIII.
Sus grandes y profundos ojos azules iluminan, con brillo sobrenatural la cadavérica tez que posee, muchas veces comparada con el reflejo de la Luna llena sobre un espejo. Con el cabello corto y lacio como lo ha llevado desde sus 12 años de edad, impecablemente arreglado, da un aspecto serio y tan profesional como el de un verdadero hombre de negocios. El color negro azulado de este, sus cejas y delicadas pestañas enmarca finalmente aquella fría y deliciosa imagen de niño de alta alcurnia.
Tras haber tomado este nuevo estado de vida su belleza se ha potenciado, permitiéndole ser dueño absoluto de un maravilloso encanto mortecino, el cual sale en evidencia en pequeños detalles como sus pálidos y levemente rosados labios finos, casi como dibujados allí en su rostro. Sus manos, sobre todo sus gestos, se volvieron más gráciles y lo mísmo con sus palabras, pues su voz a partir de entonces ha pasado a ser casi un susurro melancólico y cautivador.
Sus ropas no han sido modificadas demasiado desde su nacimiento en el mundo de los no-muertos, manteniendo casi de punta en blanco el estilo victoriano que por aquel entonces hacía furor. A pesar de ser un niño griego, por demanda y capricho de sus padres, siempre utilizó las ropas típica europeas estando correctamente a la moda con las tendencias tanto de Inglaterra, Francia y otros países del lado oeste del continente. Se lo puede ver tan elegante como un pequeño caballero inglés y tan desfachatado como un monarca francés hasta despampanante como una dama de la alta sociedad europea, y esto, dato curioso en su historia, se debe al aburrimiento, tras tanto tiempo de vestir como "es debido". Llegó a concluir en que es mejor probar cosas nuevas, al menos de tanto en tanto, por lo que no debería de sorprender verlo vistiendo pomposos vestidos con volados y carísimos trajes de campo femeninos.
Dato extra en sus características de tipo físicas queda decir que lleva siempre en su ojo derecho un parche, a veces acompañando su vestimenta a juego y otras simplemente con un vendaje o un parche de tela barata. Esto se debe a que Oliver posee una casi imperceptible cicatriz, al menos en su estado normal, provocada por un incidente en su pasada vida como vivo. La marca resalta tras entrar en frenesí o al recibir el fulgor de una luz fuerte sobre él.




»Apariencia:

Spoiler:


»Atributos:

Velocidad: 18 Pts.
Empatía: 12 Pts.
Fuerza: 14 Pts.
Resistencia: 15 Pts.
Salto: 10 Pts.
Ocultación: 27 Pts.
Percepción: 11 Pts.
Manipulación: 7 Pts.
Control: 8 Pts.
Autocontrol: 13 Pts.


»Historia:


De pronto un golpe frío en la nuca, un jadeo muy cerca de mi oído, las risas, luces por doquier. Y todo se nubló, me ardía el pecho, me elevaba en un éxtasis que jamás había sentido, estaba más allá de todo y de todos, podía volar, podía sin problemas, sentir que la vida hasta entonces no había sido vida. Y no quería que eso se detuviera. "Sigue..." recuerdo haberle susurrado a aquel ser aferrando mis nudillos a sus ropas y gimiendo como antes él lo había hecho. Eso era, puro placer. Y dolor. Y Muerte.... vida.


Habían acaso pasado horas, días, quién sabe si meses. Mis ojos se sentían pesados, mis labios completamente secos, mi garganta era un desierto árido. Observé que mis manos, toda mi piel parecía desquebrajarse, era como una estatua de arcilla secándose al Sol y empezándose a quebrar. Estaba desesperado por un vaso de vino, no había cosa que ansiara más en aquel momento que un frío vaso de vino tinto. Busqué la forma de ponerme de pie, aún con los ojos entre cerrados, pero solo logré caer y descubrir que estaba encadenado de ambas piernas a un gélido piso de mármol color negro. Mi mente iba y venía entre torbellinos de memorias perdídas, y por más que el esfuerzo mental de buscar una respuesta a todo ello fuera enorme, no pude dar con ninguna fracción siquiera del por qué estaba yo allí, así, tan solo, tan desprotegido, casi desnudo, tanto en alma como en cuerpo, tan... tan sediento. Grité, y sí que grité. Lloré, reí, estaba enloqueciendo. Mi cuerpo estaba débil y mi corazón ya no latía. La ansiedad y el miedo eran mis verdaderos captores, pero mi captor físico, quien me había llevado hasta ese lugar, no se hacía presente aún.

Tras varios días de mantenerme en aquel estado casi catatónico, con los ojos perdidos, sangre en mis uñas por intentar quitarme las esposas hasta llegar a lastimarme, el cabello completamente desprolijo y la misteriosa sensación de ahogarme en un mar carmesí cada que cerraba los ojos, permanecí intentando no perder la cordura por completo. Así estuve hasta que el cerrojo de la puerta principal de aquel salón oscuro se abrió. Tras un resplandor tan fuerte como el rojo de un atardecer griego, finalmente, se hizo presente la criatura que había cautivado tiempo atrás mi alma y que me había llevado hasta aquel sitio, hasta aquella realidad paralela. Dejó delante de mí una copa de vino tinto y a un lado una rodaja de pan. Ignoré por completo la comida y me lancé a la bebida, tomé hasta que el vaso estuvo perfectamente limpio, y luego, en mi desesperación, pasé mi lengua por toda la copa como si de un perro se tratara, hasta beber la última gota; Accidentalmente el filo del recipiente de cristal cortó la punta de mi pálida lengua. Un golpe, de nuevo ese ardor en el pecho, mis ojos abriéndose de par en par. La locura.

Algo dentro de mí estaba creciendo, tomando fuerzas, como una bestia. Comencé a tirar de mis cadenas, lanzando el vaso y dejando que éste estallara en mil pedazos junto a aquel hombre. No estaba en mis cabales pero a pesar de ello logré distinguir mejor su figura, llevaba el cabello suelto, completamente lacio hasta los hombros de un color negro tan oscuro como las profundidades del océano, una capa roja de terciopelo, unas botas muy finas de cuero, un sinfín de joyas y adornos demostrando su posición social, una espada colgando de su cintura y su rostro, aquel rostro... sus ojos eran anormalmente grandes y brillantes, como dos gemas preciosas, de un intenso azul noche, su sonrisa era delicada pero con bellos labios carnosos, y su piel, tan clara, tan perfecta, sin siquiera una mínima imperfección, ni una arruga. Era dueño de una belleza incomparable y a la vez misteriosamente sobrenatural.

Tanta hermosura frente a mí, o quizá la desesperación, me llevaron a consumir mi intento de ataque en un gruñido digno de un león hambriento, hasta a mí mismo me aterrorizó escuchar algo así proviniendo de mí. Retrocedí instantáneamente quedando con las rodillas frente al rostro y abrazándome en forma de ovillo. Aquel ser se acercó otra vez, y en esta oportunidad, yo más desprevenido y él más intimidante, posó su mano sobre mi cabellera. Un fuego intenso surgió desde mis entrañas, era una desesperación y una furia, una excitación incomparable y una tentación tan grande como la de Eva con la manzana. Me abrazó, me sostuvo entre sus fuertes brazos largo rato. Su perfume era embriagador, no pude resistirme mucho, no podía, no quería apartarme de él. Pude sentir como me sonreía aunque no pudiera verle la cara en aquel momento, sentí como deseaba protegerme, me permitió sentir todo su amor. "Tanto tiempo te he amado Oliver... estaba esperando por ti. No sabes cuánto te he deseado mi querido muchacho. Ahora, únete a mí, vamos" pude oírlo decir por detrás de mi oído y tras ello vi como levantaba suavemente la manga de su camisa y extendía un poco más su brazo hasta mis labios. Otra vez creí que enloquecería, allí, en su blanquecina piel pude ver como sus venas resaltaban, ese color rojo. Otra vez mis sueños, aquellos donde me ahogaba en un mar carmesí me invadían. Mi respiración se agitó, mi deseo de beber regresó. Otra vez despertaba la bestia en mí. Y luego, calor, un grito y el éxtasis. "No te detengas querido, bebe" oí finalmente de aquella dulce y seductora voz masculina mientras unos anormales colmillos filosamente delgados se clavaban en su muñeca provocando un salpicar de gotas tan brillantes como rubíes a nuestro alrededor. Bebí, bebí y viví.

Desde aquel momento un nuevo mundo se abrió ante mí, era un nuevo amanecer, un nuevo día, una nueva vida. ¿Y saben qué? Se sentía fantástico. Pronto mi maestro comenzó a instruirme en el arte de ser un ser de la noche. Maravillas que jamás creí poder conocer fueron descubiertas ante mí, un universo irreal y mágico se abría a mi paso, y yo, el nuevo príncipe de las tinieblas, era recibido allí como eso, un verdadero príncipe.

Heredero de un gran poder, a partir de entonces fui el chiquillo de uno de los más antiguos y grandiosos assimires . Mi adaptación a la oscuridad resultó tan natural como lo era antes para mí el respirar. Era todo tan perfecto, ya no importaba mi pasado, ni mi familia, ni mi hogar, ni mis amores, miedos y odios, todo eso era simple basura comparado con esta nueva realidad. Éramos solo él y yo, éramos la belleza encarnada, y juntos nos movíamos como amantes por la noche, como dos felinos casando su presa. La eternidad nos bañaba en gozo y alegría, ni él ni yo estaríamos solos nunca jamás. Pero estábamos equivocados.

Habíamos decidido viajar a Londres, mis padres siempre me habían hablado de Inglaterra con cariño pues mi madre era originaria de allí. Mi deseo de conocer aquella ciudad era en gran parte producto de aquellos relatos que ambos me habían contado cual cuento de hadas de pequeño. Ya instalados en la gran ciudad nos la pasamos recorriendo, investigando el nuevo mundo, dejándonos empapar por aquella cultura y por todas esas hermosas criaturas. Todo iba bien, o al menos eso creía yo, pero poco a poco noté como la actitud de mi maestro i9ba cambiando hacia mí, era como si nuestro vínculo se fuese debilitando según pasaban los días. Él lo negaba pero era evidente que ese amor y esa pasión que años atrás nos había unido de forma tan fuerte hoy comenzaba a desaparecer. Una noche, perdidos entre los bulevares y las callejas de la vieja ciudad londinense noté que Artímedes, mi sire, mi amado, estaba como perdido, distraído, como si su mente y su corazón no estuvieran allí conmigo y la sonrisa que hasta entonces mantenía al permanecer junto a él se borró para siempre. Peleas, tontas discusiones y encontronazos dieron fin a nuestra unión. Y aunque él negó rotundamente lo que se veía a la legua, el final no varió. Se marchó casi al amanecer con los últimos brillos de las estrellas y jamás volví a verlo. Fueron ya no recuerdo si dos, tres o más décadas las que compartimos, eso ya no importa, estaba sólo otra vez.

Los datos que puedo otorgar de mi vida desde entonces no son relevantes, han sido tantas las cosas que sucedieron por aquellos tiempos de soledad que ya perdieron el valor que pudieron llegar a tener hasta ahora. Dediqué mi inmortalidad a vagar sin rumbo, a aprender más acerca de mí, a disciplinarme, cosa que hasta entonces nadie había hecho conmigo, pues tanto amor había derrocado algo importantísimo en la vida para un vampiro, la autoridad, yo no sentía que pudieran enseñarme mucho, pero intenté aceptar cada una de las enseñanzas que me brindaba cada uno de lso individuos con quienes me topé. Poco a poco logré acercarme a los de mi especie, descubrí así más sobre nuestro origen y supe decidirme entonces que hacer con mis nuevos conocimientos, me mantuve al margen de todo, como hasta ahora. Me han intentado incansables veces llevar de un lado a otro, pero si no fuera por conveniencia, jamás hice nada, ni siquiera cuando humano… aunque ya no estoy muy seguro de ello, ha pasado demasiado tiempo.



»Otros datos:


»Habilidades; Más allá de las habilidades comunes a casi todo ser pensante y educado, tales como hablar, escribir y leer, Oliver posee diferentes capacidades sobre ciertos aspectos tales como idiomas, pudiendo interpretarlos prácticamente de forma natural con oírlos al menos un par de veces, y realmente desconoce el motivo aunque supone que se debe a la sangre de su maestro corriendo por su cuerpo, pero así es, puede entender muchos idiomas sin proponerselo y más de los que él mismo imagina.
Además de este extraño hecho, es capaz de desaparecer entre las sombras voliéndose casi imperceptible en cuestión de segundos. Y se puede reconocer en él un aire, un aura o espectro a su alrededor que por algún motivo ahuyenta a más de un vampiro de mayor generación que la suya y a veces hasta más ancianos también. No es inmune ni un super vampiro, claro que no, pero evidentemente la descendencia de poder ha marcado en él algo que ni sospecha tener consigo.
Es muy dado para las letras aunque gusta de leer más que de escribir. En este último año se ha vuelto un virtuoso con el piano tras haber sentido una extraña fijación por un pianista humano, así que también posee habilidades musicales y además es alguien que, fuera de las banalidades que se puedan decir de él, sabe escuchar, que, quiérase o no, puede representar una gran habilidad, tanto a la hora de las relaciones como en el momento de salir escapando de alguna situación difícil.


»Debilidades;Puede ser un dato obvio y común, pero, como todos los de su clase, es muy sensible a la luz, tanto natural como artificial si ésta es en exceso fuerte.
Es muy orgulloso en su intimidad, y esto le juega en contra si alguien sabe como usar bien sus cartas con él.
No tiene demasiado autocontrol, ya sea por ser joven o por falta de una guía estricta, pero cuando su mente deja de funcionar y su sed es la que habla se vuelve peligroso para los demás y para él mismo.
Al no poseer un sire actualmente se zafa de tener que entregar el 10% de su recompensa en vitae como está estipulado, pero por alguna razón, si ha de beber ese 10% un malestar crece lentamente en su interior haciéndole más indefenso ante ataques durante un par de horas tras haber bebido toda su ganancia.
Tiende a volverse más despistado y aniñado, si así se quiere, a la hora de entrar en el mundo humano, y esto se debe a su ya mencionada afición por investigar y analizar a su pasada especie. En este estado de juego y cuestión casi infantil se encuentra más distraído y desprevenido, por lo que se transforma en un blanco fácil para cualquier enemigo.


»Armas o Accesorios;Lleva consigo normalmente un bastón, el cual en el mango posee una pequeña figurilla de plata con la forma de una calavera decorada finamente con pequeñas rosas y ínfimos toques de zafiro. Este bastón debajo de la fachada que pretende como objeto elegante, resulta ser un estoque de gran filo cubierto por aquella funda de madera oscura que se ve como el pie del mísmo accesorio.

»Gustos;- El atardecer, uno de sus añorados retratos de la vida que ya no posee sigue siendo un deleite para sus frágiles ojos nocturnos. Siempre que puede intenta ver las últimas gotas de aquel liquido y carmesí Sol.
- Los caballos, siempre han sido animales que le gustaron y en su vida pasada ha sabido tener un par a su cuidado.
- El particular olor a humedad de las catedrales e iglesias cuando se encuentran vacías y el frío del mparmol que decora los interiores de estas. Por alguna razón esto le ha gustado desde siempre.
- Viajar, aunque no compulsivamente.
- Estar en contacto con humanos y aprender de ellos, de sus costumbres y sus cambios atravez del tiempo.


»Disgustos;- El mar, y sí, aunque en esta ciudad le sea algo cotidiano, casi que lo odia, pero ha sabido convivir con ello.
- Tiene un rechazo natural hacia los Ventrue, sea por malas relaciones vinculadas a ellos, un incomprensible afán por el liderazgo o simplemente porque los considera excesivamente estructurados, pero en fin, es como si estos le dieran una cuota de ira nata y lograran con su simple presencia enfurecerlo.
- Los perros, no es que los odie, pero le parecen seres demasiado fieles y confianzudos, al punto de creerlos inútiles creaciones. Una tontería, pero así es, no le gustan los perros.
- Las discotecas, si hay lugar que odia son las discotecas y si no hay más remedio que entrar en una estará con mala cara desde el inicio hasta que logre salir de allí. Por trabajo muchas veces a tenido que asistir a estos sitios y realmente lo ponen de muy mal humor.


»Físico; Ciel Phantomhive ~ Kuroshitsuji



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Re: Oliver, The Darkness

Mensaje por Caín el Sáb Mar 02, 2013 6:26 pm


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Hola Invitado, respeta las reglas o ya veras(?)
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